TUMBADO

Estaba tumbado en el suelo, o al menos eso él creía, igual que también pensaba que había muerto. Pero sabía que no. Se sentía muy bien, en un viaje mental donde todo lo que se encontraba eran luces, colores, que le ofrecían a cambio de nada una serie de placeres que él desconocía por completo. Era algo más que un orgasmo tántrico, era algo indescriptible. Quizás todas sus sensaciones eran fruto de una noche de sexo, drogas y rock and roll.

Se preguntaba, ¿Será esto el cielo y eso significara que entonces estoy muerto? Algo le decía que no. Era algo que nunca había sentido. Mejor incluso que si se estuviera follando a cualquier mujer de esas imposibles, con esos cuerpos artificiales pero tan seductores, y que nos obligan a devorarlos a primera vista. Con ese tipo de mujeres que por el mero hecho de ellas saber que son guapas, resultan más atractivas por ese grado de dificultad. Que te miran por encima del hombro, que saben que digan lo que digan, hagan lo que hagan te tienen a su merce. Porque saben de sobra como piensa tu polla. Saben hacer con ella, desde juegos malabares, hasta juegos vocales más allá del propio infinito.

Será el porro de marihuana que me he fumado esta mañana. ¿Pero y me hace ahora efecto? Que extraño, ya han pasado muchas horas como para que de repente me pegue tan fuerte. Tendré que hablar con el que me la paso, porque si es así mañana me pillo más sin dudarlo. A lo mejor estoy en otra dimensión producto del colocon y acabo de despertar ahora. Por eso creo que estoy muerto, pero en verdad estoy vivo en un espacio tiempo que desconozco. ¿Qué me encontraré en esta dimensión?

De repente escucha una voz “ya puedes levantarte, ya he terminado” No estaba en el suelo, estaba tumbado boca abajo en una camilla, y el masajista acababa de dirigirse hacia él.

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