DESNUDA


Subió desnuda al tren y se puso en marcha, como si una cosa tuviera que ver con la otra. Todos los pasajeros dejaron de hacer lo que hiciesen porque se convirtieron en monigotes de cera. Entró en el vagón donde me encontraba borracho por ver el estilo con que deslizaba la hoja del cuchillo sobre el cuello de un hombre, de la misma manera que fluye la pureza de unos versos tristes, transparentes, melancólicos, valientes y rebeldes.

Nadie se atrevió a decir o llamar a la policía por dos esenciales motivos: El maquinista estaba a lo suyo y los demás eran muñecos de cera. No sabemos si el muerto murió por algún motivo concreto o fruto del caprichoso destino o simplemente por causa de un aleteo de mariposa originado en Marte o en Venus.

Se sentó enfrente mía y cruzó las piernas mientras limpiaba el cuchillo con un lenguaje nunca antes visto. Le pregunté:

- ¿ Por qué vas desnuda ?

- Porque los pájaros no necesitan ropa para volar.

Saludos y gracias.


CONFESARSE


- Mañana me confieso.

Ella le preguntó:
- ¿Por qué, si tú nunca has pisado una iglesia?
- Porque voy hacer algo malo....

A la mañana siguiente se despertaron temprano, habían quedado para ir a pasar el día al campo, y llevaban a su hermano consigo. Antes de todo eso él le dijo a ella:

- Voy a hacer unos recados volveré a tiempo.

Todavía lo recuerdas verdad, cómo olvidarlo, te recogieron a la hora prevista, ahí estaban puntuales con la exactitud de un reloj suizo. En el corto viaje de coche lo de siempre, banalidades, el tiempo, y los silencios. Poca acupuntura para el alma. Llegasteis al sitio a la hora de almorzar, los bocadillos a gusto del consumidor, a la carta, los había preparado ella, que siempre te recordaba que suerte había tenido tu hermano, y por qué él y tú no. Unas latas de cervezas, unos cuantos pios pios como sonido de ambiente, y nadie alrededor, solo vosotros tres.

Lo que no estaba en el guión es lo que pasó a continuación, ¿Por qué no te defendiste cuando tu hermano vino con paso rápido y empezó a golpearte con una barra que había sacado del maletero del coche? ¿No podías o no tuviste tiempo de reacción? Tan solo, tan solo, paró cuando fuiste capaz de decirle:

- ¡Yo no tengo la culpa!
- Lo sé, pero alguien lo tiene que pagar.... y con él no puedo, no puedes, ojalá hubiera muerto él y no ella.

Le viste llorar, por primera vez después de un año y medio le viste llorar.

Te alegraste que aquella mañana hubiese salido buen tiempo, porque así pudiste ponerte tu vestido de primavera favorito. Además para que negarlo, te gustaba cuando te lo arremangabas y tomabais el almuerzo ver como los ojos del hermano de tu marido se fijaban en tus muslos, te hacía sentirte bien. Era como un juego. Lo que sucedió después no lo fue, cuando sacó toda la rabia contenida que llevaba durante meses, por todo lo que vino semanas después del entierro, incluso le dolió más que la muerte de su madre, pero tú no sabías como ayudarlo, por más que lo intentases, te sentías frustrada, hasta que aceptaste que nadie podía, solo él, y quizás solo había un camino, el de la implosión.

Llevasteis a su hermano a urgencias, todo en silencio, por si tenía algo roto, más silencio, por suerte podía esa misma tarde noche volver a casa, continuaba el silencio, así que cuando lo dejasteis te reconfortó el abrazo que se dieron los dos hermanos antes de despedirse, parecía sincero. Estaba vez no crecerían enanos desde el silencio. Llegasteis a vuestra casa, se había hecho tarde, así que fuisteis directos a la cama, y antes de apagar la luz te atreviste a romper el silencio y dejar que se fuese y no volviese nunca más:

- ¿Cuáles fueron esos recados que hiciste esta mañana?
- Fui a la iglesia a confesarme.

Saludos y gracias    

IZAR LA BANDERA


Atrás quedan esos días donde nos comíamos la polla y el coño. Desnudos, sin importarnos si en el cielo había nubes negras o nubes blancas. Entre risas, alucinaciones y sueños vírgenes nos imaginábamos izando la bandera, como si fuese la vela de un velero que nos arrastrase hasta el lugar donde sí habitan los unicornios. Porque entonces sabíamos dejarnos llevar. Tú me contabas como el que cuenta un secreto que te imaginabas que Johnny Cash después de tocar un par de canciones te aplaudía a ti por haberlo escuchado, no tú a él. Importante el matiz, subrayabas. El lugar el cuarto de un centro comercial donde se guardan los productos de limpieza y estabais los dos a solas, mientras afuera una jauría humana con hambre feroz buscaba gastar sus ahorros en regalos porque por esas fechas se celebraba la fiesta del nacimiento de un muerto o de su resurrección, nunca me lo ha dejado claro los efectos decorativos, belenes y ese árbol gigante con lucecitas y otros adornos que como un impostor plantan en todos los lugares durante ese periodo festivo.

Quizás es la resaca de esos días o quizás simplemente que el otro día un tipo elegante con acento extranjero en una corta conversación me dijo:

- Lo que no me gusta de Barcelona son los marroquís que hay porque te roban.

A lo que yo le contesté:

- El problema no son ellos, sois los extranjeros que venís con dinero y desestabilizáis nuestra economía, alteráis nuestra calidad de vida, y esa es una de las peores formas que conozco de robar.

Luego me quedé con las ganas de hablarle de ti, y de izar una bandera e ir detrás de ese lugar donde todo merece la pena, pero claro, para que perder el tiempo si no iba a tener ni puta idea de lo que deseaba hablarle.

Saludos y gracias

INCONGRUENCIA


Ahí está, no dejes de hacerlo, continua, calla, y trabaja. Es la orden. Te hemos activado el botón. Funciona.  ¿Qué le sucede?

Ven aquí, ponte esta ropa que es la adecuada, no hables, eso lo sabes hacer, cambia el gesto, porqué no te has afeitado. Argumento fácil: Lleva polvo encima y nadie se lo ha limpiado. Necesita un trapo que lo limpie.

Ahí está, sonriente, hace bien el papel, que sorpresa, da el pego para la función, lo aprobamos, lo hemos educado bien. ¿Alguien se pregunta por su felicidad? Anuncios de propaganda son la respuesta. Todo está bien. Mañana consumidores, si no en próximos días. No hay que poner la alarma en los coches ni en los telediarios (en estos sí, por el efecto miedo.... Siempre es un plus, como una inyección en vena)

No, no, su culpa no es acabar en el Infierno o en el Ragnarök. Su demonio es el argumento del trabajo a cambio de doblar el lomo, la sanguijuela que te chupa la sangre por la dictadura del sufrimiento, el latigazo propio en la espalda por gritar en la montaña no puedo más. Y las lagrimas por desear volar y que te digan que estás loco.

Incongruencia que una vez más has llegado otra vez tarde, todos piensan que por tus miedos, por tus ojos de lagartija cuando callas y te dicen, y escuchas lo que no quieres oír, y ahí están sultanes de sus deudas y sus plegarias las palabras de otros (quizás de sus infiernos... colofón de bailar en la embriaguez con sus tal vez) como cementos de hormigón sepultadores, y tu soledad en verdad es el reflejo de las ventanas de ellos, que son las tuyas, de ahí la ruptura del cisma. Por eso, callaste, silenciaste, marchaste, y todos se preguntaron: ¿Dónde está la Incongruencia para decirle unas cuantas cosas?

Saludos y gracias.


SI TÚ NO ESTÁS EL MUNDO ES UN FUNERAL


Te rascabas con rabia y me decías: No me mires, no me gusta que me mires con esto que tengo por todo el cuerpo. Parezco un monstruo.

Daba igual que tratase de decirte que no me importaba, que estaba a tu lado. Sé que llorabas cuando te encerrabas en el baño, supongo que era insoportable, angustioso, demoniaco, te apartabas hasta el otro extremo de la cama para que no nos rozásemos. Si rechazabas que tus manos pudiesen deslizarse, acariciar cada contorno, cada línea, cada escondrijo de tu cuerpo porque te daba asco, ¿Cómo podías aceptar que lo hiciesen otras manos aunque esas fuesen las mías?

¿Qué te encontrabas a oscuras por el pasillo las noches que te levantabas porque no podías conciliar el sueño e ibas en busca de las pastillas que te ayudasen a dormir? ¿Por qué nunca quisiste guardar esas mismas pastillas en la mesilla de noche y preferías que estuviesen en la otra punta de la casa? ¿Qué había en ese pasillo que te obligabas a recorrerlo sin encender las luces, en esas horas que todo está en silencio menos el espeluznante ruido de las peleas de gatos del deslunado?

Me lo quisiste contar una vez a tu manera, sin rodeos, sin tangentes, sin enigmas ni condescendencias, ¿Para qué hablar de forma sutil, a fuego lento, si así no conseguías parchear la rabia, el miedo, el tsunami, verdad?. Fue una noche en uno de esos periodos cortos en los cuales las nubes que te entumecían se evaporaban, estabas de mejor humor, decidiste por los viejos tiempos salir a cenar (algo que hacíamos tan habitualmente y donde sembrábamos unicornios, bosques de elfos y tierras prometidas) después de un par de botellas de vino, creer que todo volvía a la normalidad, te pusiste sería y me dijiste: Ese pasillo es horroroso, veo charcos de sangre, escucho risas macabras, huele a la peor de las desidias, y por todas partes, por todas partes hay unos dientes afilados dispuestos a clavarse por todo mi ser. Recuerdo de niña, cuando tendría unos doce años que una noche que me levanté con ganas de mear, me encontré con algo o alguien en mitad del pasillo de la casa de mis padres, tenía la mano fría, muy fría y estaba tan pálido como el silencio más incomodo que te puedas imaginar y que te atraviesa por dentro y necesitas urgentemente ruido, mucho ruido. Me dijo que me fuese con él, que si no lo hacía me arrepentiría algún día, estaba tan asustada que empecé a gritar y a llamar a mis padres, cuando estos aparecieron y encendieron las luces él había desaparecido y nadie me creyó. Tal vez, debería haberme ido con él y nada de esto me hubiese sucedido.

¿Si te preguntase ahora y me pudieses responder me lo dirías? ¿Fueron esas malditas pastillas para el insomnio o el tratamiento para lo que tenías o la mezcla de todo lo que al final te llevaron a ese estado neurótico, esquizofrénico, chocando continuamente contra los límites, las barreras y los muros de la realidad? ¿Por qué llego un momento que no me dejaste que embistiera contigo a tus molinos de viento? Nunca entendí esas terribles ganas de matar que empezaron a gestarse dentro de ti, salvo cuando me acuerdo noche sí y noche también del tipo pasado de alcohol que decidió coger el coche en su estado de embriaguez la misma madrugada que tú saliste de casa a darte una vuelta porque no podías más, y cruzaste por aquel paso de cebra.

Saludos y gracias 

¿AZUL O ROSA?


- ¿Azul o rosa?

Se te cae el móvil de la mano como al que se le cae la memoria. Las musas son delfines que no viven en oceanográficos, y el papel de sonarse, de estornudar, de reciclarse, la tragedia ante la decisión que se peina, se suspira, se carcajea, se queda mirando el techo y la telaraña en las esquinas, si fuese la habitación redonda las arañas sufrirían apoplejía, desorientación, desubicación, mudanza y desalojo arácnido.

- ¿Qué hora es?

- Ya lo debes de saber, me has preguntado lo mismo hace diez minutos.

- ¿El qué?

- ¿Azul o rosa?

 Y parece que vuelve, que remonta el vuelo, atiende, gesticula, define, opina, y hablamos, contrastamos, el jeroglífico de encontrar un punto en común, un lugar en la mesa que quepamos los dos y nos sintamos cómodos, capaces de construir y derribar relatos, levantarnos, buscarnos y ponernos a bailar (aunque la música sea el sonido atronador de las obras de la cocina del vecino) para celebrar, para no olvidarnos, para que si se rompe el tarro medio lleno o medio vacío los cristales del suelo al pisarlos no nos sangren los pies.

- ¿Qué hora es?

- ¿Azul o rosa?

 Y la mirada perdida, el agarrarse la barriga como si no supiese lo que lleva dentro, como si le extrañase el volumen, como un que me está pasando, las lágrimas de los anhelos perdidos de la niñez, pluscuamperfectos, silogismos de si... nieve canadiense en desiertos almerienses, anquilosado el raciocinio del ahora, de los estados del ser y el estar, de pensar en el mañana y en el color de la habitación.

Parece que esta vez no vuelve.... Y muestra su terrible verdad:

- ¿Por qué lloras y quien eres tú?

- ¿Azul o rosa?

Repetición - ¿Azul o rosa?

Repetición II Desesperación - ¿Azul o....?- Silencio.

Saludos y gracias



EL BUSTO


El busto fue un premio que obtuvo, aunque a decir verdad siempre en ese momento hubiese preferido metálico para gastarlo en el nuevo restaurante japonés que habían abierto en la ciudad, que ahora ya no era tan nuevo pero si seguía siendo necesario llamar por teléfono para reservar mesa.

Fue ahí donde tú trataste de enseñarme a comer con palillos, hasta que una vez más aprendí a utilizar algo sin aplicar la técnica adecuada, como me sucede cuando lio los cigarrillos, que por más que intentases paso a paso indicarme como prensarlos mejor y darles forma lo diste por imposible porque siempre estaba mi tajante "Qué más te da, si quien se los fuma soy yo y me los fumo a gusto".

Quedaste a las nueve de ayer por la noche, todavía no sabrías ni explicar porque la primera vez aceptaste ir a su casa y no a un lugar público, tal vez sería su verborrea o su currículum que podías encontrar por internet lo que te convenció, llevabas el mejor vestido y te dejaste encandilar por su buen gusto por la decoración y su estado impoluto. Todo parecía funcionar como en la feria, el algodón dulce, el tiro al blanco con su extensión de éxito con el gran peluche, el paseo hasta la noria, el tomar asiento y que todo empiece a girar, hasta que te entró el vértigo cuando te enseñó el busto metamorfoseándolo en si quieres la próxima vez puedo reservar mesa en un restaurante japonés... Suficiente para que el busto te recordase a mí y salieses de ahí sin dar explicaciones.

Esta mañana me encontré o me buscó la noticia que habían detenido a un tipo en Wichita a cadena perpetua por tener guardado el busto de sus víctimas en el congelador, no sé si es causalidad o casualidad o no tendrá nada que ver el que diese con esta información después de las nueve de ayer por la noche.

Saludos y gracias