Te debo una explicación,
porque dejé de llamarte, contestar a tus mensajes, acumulaba el correo y la
colada siempre, siempre quedaba pendiente, y la mesa con el mantel puesto sin
recoger, o el break de leche que caducó hace tiempo todavía en la nevera.
Te debo una explicación,
porque echo de menos los días de invierno que veía los copos caer por la
ventana, y tú ya estabas allí fumándote el primer cigarro de la mañana, y yo te
agarraba por la cintura, aplazando así las malas noticas.
Te debo una explicación,
porque recuerdo esas noches que congelábamos al tiempo debajo de las sabanas, y
allí aprendíamos a respirar la vida, tengo que reconocerte que todavía busco tu
tacto las madrugadas más grises.
Te debo una explicación, lo
sé, pero aunque aprendí a agarrar al miedo por el cuello, apretarlo fuerte hasta
ahogarlo, a veces cuando él desaparece, aunque parezca extraño es como si me
faltara aire, y por eso quizás no sé qué hacer ahora mientras suena el teléfono
y observo que eres tú quien me está llamando.
Saludos y gracias
oh, esos largos monólogos del eco del silencio...
ResponderEliminarUn abrazo.
Que alegría volver a tener por aquí tus comentarios:)
EliminarUn abrazo
Aunque no te comente, siempre leo lo que publicas ☺
EliminarHay que decidirse.... el silencio a veces dice mas que miles de excusas
ResponderEliminarUn abrazo